¿Por qué te hablo de alimentación y deporte?

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Si estás leyendo esto, es porque de verdad te interesa el tema, porque vamos a ser sinceros, de esto se “habla” tanto en las redes o en cualquier lugar, que ya hasta uno mismo se aburre, porque siempre es lo mismo “que si debes comer saludable”, “que si debes hacer cierta cantidad de ejercicios”, “que si no es de granja, no lo comas”, “que tienes que hacer hiit para oxidar más grasa” y no sabes la técnica para hacer una sentadilla y menos que oxidar es el término correcto para decir coloquialmente “quemar grasa”.  En fin hay mucha información y a la vez nos sentimos más desinformados.

Te cuento un poco cómo comencé, lo que he aprendido y puesto en práctica con mis asesoradas. Yo comencé el gimnasio como a los 16 años, aunque mi problema era ganar peso, tenía el mismo problemita que la mayoría: no me gustaba cómo me veía, era muy flaca, y era blanco de típicas burlas de compañeros de clase y hasta de profesores; en el salón, si hablaban de desnutrición, me señalaban, o cuando entraban al salón de Biología y estaba el esqueleto lo saludaban y le decían “hola, Yare”. Tenía un profesor de Educación Física que me llamaba “huesito de pollo” y cuando venía un viento fuerte me gritaba “agárrate, huesito de pollo, que te lleva”. De verdad tampoco es que esas cosas me hacían sentir mal, pero no me gustaba mi delgadez, aprendí a reírme de mí misma. Así que me anoté en el gimnasio, mi primer día fue un desastre, o casi que todos los días, la ropa deportiva me hacía ver aún más flaca, las clases de aeróbicos no eran lo mío, era o soy descoordinada y media, hasta que me permitieron hacer pesas y ahí fue donde encontré el amor, la sala de musculación era lo mío. Me topé con grandes profesores que me ayudaron mucho en la técnica, pero estaba fallando en algo, la alimentación. Y no fue sino después de unos 10 años más o menos cuando puse reparo en este tema.

Al principio comía mucho más y sobre todo pasta y pan, y claro está empecé a ganar peso, me veía más “acuerpada”, pero también se me notaba más la celulitis (sufro mucho de este mal) y grasas localizadas. Luego pasé a comer muy poco, a veces consciente y otras inconscientemente, tenía un trabajo de oficina (también soy contador público) en donde entraba muy temprano y salía muy tarde, comía a deshoras o no comía, descansaba poco, lo único a lo que era fiel era a mi entrenamiento de pesas, aunque no veía mayor avance, ya que a nivel de energía siempre estaba agotada. Hasta que una vez un primo muy querido para mí me dijo “Yare, si tú haces tanto ejercicio, ¿por qué siempre vives cansada o estás enferma?”, y eso retumbó, más que en mi cabeza, en mi alma. Porque era verdad, recién me habían diagnosticado hipoglucemia (baja de azúcar) y años atrás gastritis, al menos una vez al año estaba hospitalizada por el estómago o por las alergias, que por cierto la principal causa eran los alimentos. Entonces ahí fue cuando me cayó el 20 (como dicen en México), ¿de qué vale un cuerpo de 10 cuando mi salud está en 0? Cuando me hacía unos exámenes de sangre todo salía en alerta. Tenía las ganas de entrenar, porque amaba o amo hacer ejercicios, pero no tenía la fuerza ni la energía. Y fue ahí cuando decidí enfocarme en la nutrición, di un cambio de 360 grados y entendí que no era que me alimentaba mal, era que NO ME ALIMENTABA. Era básica, arroz con pollo, por poner un ejemplo, o una manzana verde porque era lo que la gente decía que debía merendar, pero ¿dónde estaban los otros nutrientes? Resulta que la naturaleza te los da todos. Y eso es lo que pasa con la mayoría, por tiempo, por flojera (fiaca), por desconocimiento, nos alimentamos muy por debajo de nuestros requerimientos básicos. Claro aquí puede caer la pregunta del millón “pero entonces ¿por qué no adelgazo?”. Esto sería otro tema que podemos abordarlo, déjame tus comentarios y sabré que quieres que lo aborde. 

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Volviendo al tema, al alimentarnos mal, carecemos de nutrientes y por ende no tenemos energía, si acaso nos alcanza para cumplir las labores mínimas de supervivencia, esto nos genera fatiga y a la vez mal humor. Entonces es ahí donde viene la relación de alimentación saludable y cuerpo activo, porque una cosa lleva a la otra. Yo soy de la opinión que se puede comenzar de a poco, tal vez no todo de una vez, puedes iniciar por hacer ejercicio (la mayoría inicia por ahí, hasta yo lo hice), inscríbete en esa clase que te gusta, ahorita hay x cantidad de opciones, combinaciones de clases, permítete  conocer varios profes, no te cierres en el primer intento, hay otros que les gusta más personalizados y los profes hasta van a tu domicilio, hay para todos los gustos, solo está en decidirse a comenzar, y te lo aseguro, con el corazón, que después que te enganches con ese ejercicio que te copa no lo vas a querer soltar. 

Luego poco a poco vas a ir queriendo tener más energía, querer seguir viendo cambios, ahí te vas a animar a ir cambiando hábitos alimenticios por unos más saludables y es ahí donde ocurre la magia ¡boom! Y va más allá de lo estético, que claro nos encanta vernos bien frente al espejo, pero al final es un cambio de todo, de energía, de buen humor, de ganas de hacer más cosas, porque eso te empodera, porque si lograste cambiar un hábito, si lograste correr un km más, qué otras cosas no puedes llegar a realizar, y esto aplica para todas las áreas de nuestras vidas, recuerda que esto es solo una fracción de un todo que compone tu vida entera.

Así que con esto cierro este primer blog, retornando después de tanto tiempo, mi objetivo es que juntas aprendamos, creemos una energía bonita y vibremos alto, al estar saludables podremos brindar lo mejor de nosotras a los demás, porque esa es nuestra naturaleza, nos gusta velar de nuestros seres queridos y amigos, pero ¿cómo hacerlo si no podemos cuidar de nosotras mismas? Y no es un acto de egoísmo, es un acto de amor propio y tu entorno te lo agradecerá, cómo vibres va a vibrar todo a tu alrededor.

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Hasta la próxima semana, linda, y si este artículo te gustó, déjamelo saber, así como también si quieres que conversemos de otros temas.

Besos,

Yare

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