Comer de forma intuitiva y consciente

La razón por la que me llama tanto la atención la relación que tenemos con la comida y del porqué me estoy especializando en el área de coaching nutricional, es cuando observo las cifras que nos indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que, por ejemplo, en 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso en todo el mundo, y específicamente en América Latina, las tasas más altas se ubican en Bahamas, México y Argentina, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Esto me hace preguntarme ¿tenemos una buena o mala relación con la comida? Además estas cifras se ven agravadas también por el sedentarismo. Y por otro lado tenemos la manifestación de anorexia y bulimia, es esto lo que me hace preguntarme ¿cómo nos estamos relacionando con la comida?, ¿cuándo cambió todo?

Dígame ahora con el boom de las redes sociales, ya pocos van al médico, tú colocas en Google lo que quieres y a un clic tienes un sinfín de respuestas; o los llamados influencers, que como les sirve a ellos a nosotras también debe servirnos, ¿no? Ahora, tenemos el ayuno intermitente, o la dieta keto o la cetogénica, etc. Y ojo, no estoy diciendo que está mal, solo que cada una tiene su base y lo que le sirve a una persona no necesariamente debe servirte a ti.

En fin, sumado a esto, me llamó la atención una conversación que tuve con una amiga, donde me decía que ya no le apetecía comer proteína animal, que le aburría lo que estaba comiendo, y se estaba obligando a comer cuando ya no le cabía un bocado más. Eso me hizo un llamado a la reflexión y es lo que busco a través de mi cuenta, que reflexionemos juntas y que desaprendamos para aprender lo que nos hace bien.

Y es aquí donde incorporo dos nuevos términos, alimentación intuitiva y alimentación consciente, este último ya no tan nuevo 😉 Ambas van de la mano, por ejemplo ¿cuándo fue la última vez que comiste de forma intuitiva?

Hay un proverbio Zen que dice “cuando tengas hambre, come”. Suena muy simple, pero no lo es. Vamos a recordar cuando éramos niños, sabíamos muuuuy bien cuándo teníamos hambre, los bebés y niños disponen de una sensación intuitiva, saben acerca de qué y cuánto comer. Sé que puede ser desesperante cuando el niño solo come un alimento del plato, uno se pregunta ¿cómo va a estar sano, si solo come eso? Solo hay que darles tiempo para que coman de forma equilibrada y no solo un alimento. Hago un inciso aquí, no soy madre, pero me encantan los niños, tengo muchos sobrinos de la vida, además que muchas de mis asesoradas son madres, así que las escucho y las observo. Bueno, continuando con el recuerdo a cuando éramos niños, basta con observar los niños que tengas cerca, puedes notar que ellos se entretienen con facilidad si están en la mesa, comen algo y luego se paran, y se van a jugar, o a hacer otra cosa. Lo que pasa es que comer se convierte en algo secundario. Cuando de verdad tienen hambre no hay quien los detenga. Ahora bien, ¿qué pasa cuando crecemos? Pues resulta que la comida empieza a tener otros propósitos y la usamos para calmarnos, distraernos, hasta la usamos como recompensa o incluso como castigo. Entonces la relación simple que había entre el hambre, comer y satisfacción se ve alterada por otros factores, como pensamientos y emociones, y ahora de adultos hacemos cosas como abstenernos de cenar u obligarnos a no comer.

Y ¿cómo ocurrió todo esto? El libro “Comer atentos” de Jan Chozen Bays no explica lo siguiente: «primero, es que nuestro entorno nos enseña hábitos inútiles para relacionarnos con el acto de comer y la comida y, lo segundo, es que nuestra mente toma el control de nuestro cuerpo. La inteligencia que tenemos cuando somos niños desaparece”. Y coloca algunos ejemplos que me causaron gracia, pero porque hay una gran verdad.

¿A quién de nosotras no nos dijeron de pequeña “…muchos niños mueren de hambre porque no tienen nada que comer, ¡así que cómete ese bistec!”? Y no tenía importancia si no te gustaba la carne o si ya estabas lleno por la cantidad tan exuberante que nos servían porque el objetivo era “crecer sanos y fuertes”. O cuando se comía en algún restaurante y nos decían “me cuesta un ojo de la cara, así que cómetelo todo”.

De esta manera, nuestra forma intuitiva de comer se fue adormeciendo, ahora comemos por obligación más que por placer, o para alcanzar un número en la balanza o entrar dentro de unos estereotipos. Pero lo que sí voy a acotar es que para comer de forma intuitiva debemos ir trabajando nuestra relación con la comida, conocernos, saber qué nos cae bien y qué no, saber cómo nos sentimos y no buscar tapar las emociones con comida.

Y la gran pregunta ¿esto se puede lograr? ¡Claro que sí! Lleva su tiempo, algo que al parecer hoy nos cuesta un poco ya que vivimos en un mundo donde todo se quiere para ya, pero bueno ya es un gran avance que estés leyendo este artículo y que te intereses más en el tema. 

Y ahora es donde aparece el otro término y que lo vamos a usar por mucho rato: alimentación consciente, y con esto lo que buscamos es ir desbloqueando esos hábitos no saludables hacia la comida, sin buscar culpables  o qué o quién originó este desorden. Es buscar el enfoque hacia la mejora, y solo nosotros mismos podemos hacerlo y desbloquearlo. Por eso, te felicito si has llegado hasta aquí.

Ahora bien, podemos empezar a comer atentos con pequeños pasos y de esa manera no caer en frustraciones por las grandes expectativas que veces nos colocamos. Entonces, por ejemplo, en la mañana cuando te estés tomando tu café o el té o un jugo (todo aplica), cuando tomes ese primer sorbo, vamos a parar unos instantes para ser conscientes, por ejemplo, del color de la bebida que estamos tomando, percibe su olor, acerca la nariz a la taza, quédate unos instantes ahí, siente su temperatura, luego con el siguiente sorbo percibe mejor el sabor, ¿es dulce, es amargo?, retenlo un poco y luego siente como va atravesando tu garganta. Y así vas percibiendo cada sensación en cada trago. A veces tomamos estos pequeños ejercicios sin importancia, pero gracias a esos pequeños instantes de estar consciente es por donde se inicia para revertir viejos hábitos por unos nuevos y más saludables.

Y capaz te preguntas ¿perderé o ganaré peso si empiezo a ser más conscientes a la hora de comer? De verdad no lo sé. Lo que sí te aseguro es que vamos a recuperar esas ganas de disfrutar la comida de una forma sana, sin sentirnos culpables y sin reproches, y a empezar a sentirnos satisfechos.

Este tema es súper amplio, así que vamos a seguir abordándolo. Si tienes alguna duda, comentario o propuestas de temas, sabes que puedes escribirme abajo en los comentarios o enviarme un email. Y si te gustó, apóyame con un like y compártelo con quien crees que le pueda servir de ayuda. Que cada día seamos más mujeres saludables y satisfechas.

Un beso,

Yare.

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Una respuesta a “Comer de forma intuitiva y consciente”

  1. El. Placer de comer es un placer difícil de dejar de lado llena muchos vacíos y es punto de reunión con la familia y amistades. Comer no es malo lo malo es que? comemos cuanto? comemos y cuando? comemos

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