“Tengo hambre a todas horas”

“Incluso hasta después de comer, tengo hambre”. “No tengo fuerza de voluntad”.

Si alguien dice que tiene hambre a todas horas, lo primero que normalmente se responde es “puede que estés haciendo algo mal” y puede que sí, puede que estés consumiendo alimentos con calorías vacías o alimentos de rápida absorción, o que no estés combinando correctamente los grupos de alimentos. Pero, hoy, no me quiero parar en esta arista, porque hay muchos más casos donde todo esto se soluciona y aun así seguimos con hambre.

Ahora bien, ¿qué es el hambre? De manera simple y según la Real Academia Española, es: “Ganas y necesidad de comer”. “Escasez de alimentos básicos que causa carestía y miseria generalizada”. “Apetito o deseo ardiente de algo”. Hoy, me voy a quedar con la tercera definición, por ahora.

Existen varios tipos de hambre (en un próximo blog, lo abordaremos), pero vamos a definir dos principales: el hambre física y el hambre emocional. Es importante poder diferenciarlas porque tienden a confundirse, ya que presentan síntomas similares.

Muy, en resumen, el hambre física es una sensación de vacío en el estómago que nos avisa que necesitamos “gasolina”. Este tipo de hambre puede ser satisfecha por cualquier tipo de alimento y podemos dejar de comer cuando el estómago se sienta lo suficientemente lleno. No ocurre lo mismo con el hambre emocional ya que no muestra síntomas físicos: lo que verdaderamente estamos sintiendo es una emoción (aburrimiento, estrés, enfado) que inconscientemente nos empuja a comer para entretenernos, relajarnos, desconectar, etc.

Para ambos tipos de hambre, normalmente se busca el control o la restricción, y al hambre en sí la vemos como “nuestro enemigo”, cuando no debería ser así. Cuando el hambre aparece es porque viene a mostrarnos algo. Obviemos, por ahora, el hambre fisiológica. Parémonos en que estás consumiendo los nutrientes necesarios y que tu estómago está lleno, pero aparece el “hambre”, algo que muchos llaman ansiedad. Por eso, dije que me quedo con la tercera definición del hambre “apetito o deseo ardiente de algo”, como cuando decimos “me voy a comer al mundo”.

El hambre no es algo malo, no es deficiencia de carácter. No se puede controlar. Lo que sucede es que no nos paramos un momento a escucharnos y actuamos de forma tan rápida que lo que buscamos es “callar” esa necesidad, ese “apetito de algo” con comida, sin darnos el tiempo de sentir nuestros verdaderos deseos.

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Por ejemplo, si en el trabajo tuviste una discusión con tu jefe o con algún compañero de trabajo, y al salir de ahí vas a tu casa y en el camino te encuentras una pastelería (o cualquier sitio de comida de tu preferencia), lo primero que piensas es “me lo merezco, tuve un mal día”. En ese momento, tú no tienes hambre fisiológica, tienes hambre de poder decir lo que piensas, capaz, o hambre de aprender y bajarle al ego, o de ofrecer disculpas porque no actuaste de forma correcta. El hambre es algo tan amplio y cambiante como la vida misma.

Por eso, le doy mucha importancia a los alimentos primarios, aquellos que no encontramos en nuestro plato, pero que nos pueden dar o quitar mucha energía. Ellos son: profesión, relaciones interpersonales, hobbies, ocio, etc, todo esto nos nutre. Los alimentos que nos llevamos a la boca son secundarios, porque lo que ha provocado que consumas ese dulce es producto de tu alimento primario, y lo que hace es anestesiar esa emoción.

Si siempre tienes hambre, es porque hay alimentos primarios que no están siendo cubiertos. No siempre tenemos las mismas hambres: hay personas con hambre de socializar, o hambre de viajar o de arraigo; hambre de orden o de espontaneidad; hambre de reconocimiento, de retos, etc.

Entonces la sensación de hambre no es nuestra enemiga, y no es que no tengamos fuerza de voluntad, ella aparece para mostrarnos una necesidad y si paramos a escucharla por un momento, nos mostrará lo que realmente necesitamos, y así dirigir la energía a lo que en verdad queremos alcanzar.

Yo te invito, hoy, a qué te preguntes ¿de qué tiene “hambre” tu vida? ¿qué estamos buscando en la comida que no estamos encontrando en la vida?

Momento para escucharte, sin juzgar lo que venga, momento para encontrarte a ti.

En un próximo blog, te estaré compartiendo los tipos de hambres y cómo reconocerlos. Me gustaría saber qué te pareció este blog o que me cuentes alguna experiencia donde te has cachado comiendo para tapar una emoción y qué has hecho al respecto. De todas aprendemos y si crees que a alguien puede servirle, te invito a compartirlo.

Desde ya muchísimas gracias.

Un abrazote digital.

Besos.

Yare.

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